La relación médico-paciente es, por definición, un encuentro interpersonal en el que ambas partes deliberan conjuntamente para tomar las decisiones más correctas, siempre en el marco de los principios de la bioética y los derechos fundamentales de la persona humana.
En las últimas décadas ha habido un cambio de paradigma en la Medicina. Se ha sustituido el modelo paternalista por el actual modelo autonomista:
- El médico deja de tener el rol de padre sacerdotal y se transforma en un asesor técnico de sus pacientes a los que ofrece sus conocimientos y consejos.
- El paciente deja de ser un receptor pasivo de las decisiones tomadas por el médico y se transforma en un agente moral autónomo con participación en el proceso y derecho a opinar y decidir.
- La relación médico-paciente deja de ser vertical y se transforma en una relación horizontal.
La piedra angular de la relación médico-paciente es la confianza mutua. Para poder establecer y mantener esa confianza mutua se necesita un rol activo de cada una de las partes:
- Médicos: modelo CICAA
- Conectar con el paciente y su familia: empatizar
- Identificar y Comprender los problemas de salud de los mismos: escuchar y preguntar
- Acordar con el paciente/ familia las decisiones y acciones a llevar a cabo: informar y negociar
- Ayudar al paciente y/o familia a entender, elegir y actuar: motivar
- Pacientes
- Sinceridad: deber de colaboración. La falta de colaboración (ocultar datos, incumplir pautas, abandonar tratamientos, etc.) supone una ruptura de la confianza.
- Asertividad:
- Preparar las visitas médicas
- Participar en la toma de decisiones
- Preguntar todas las dudas
- “Empoderamiento útil”: conseguir herramientas para tener autonomía


